En los últimos años y motivado por la crisis económica, la política fiscal llevada a cabo ha sido la de recortar en gran medida las deducciones que podían aplicar los contribuyentes. Desde un punto de vista de imagen pública es mucho menos dañoso eliminar deducciones o “ensanchar” la base imponible de los impuestos que subir los tipos de gravamen.

Lo que nos interesa en este punto es conocer cómo desde el punto de vista fiscal se incentiva el emprendimiento y la inversión en startups en España. Adelantamos que existen muchas áreas de mejora.

Así, y desde la perspectiva del inversor, si éste es una persona física podrá aplicar en su IRPF una deducción del 20% de las cantidades invertidas con un límite de 10.000 euros siempre que se cumplan los siguientes requisitos:

  • Que la startup no tenga por actividad principal la gestión de un patrimonio mobiliario o inmobiliario. Es decir, que desarrolle una actividad económica.
  • Que los fondos propios antes de la inversión no superen los 400.000 euros.
  • Que la constitución de la startup lo haya sido en menos de tres años.
  • Que el inversor no obtenga más del 40% de la propiedad de la startup.
  • No tener relación laboral con la startup.
  • Residencia fiscal en España.

Esta es la deducción general establecida por la normativa estatal si bien, y dentro de las competencias normativas cedidas a las Comunidades Autónomas, estás han establecido deducciones propias que se recogen en el siguiente cuadro:

 

 

Por otro lado, y pensando en el momento de la desinversión, la Ley del IRPF deja exenta la posible ganancia de patrimonio que se pudiera poner de manifiesto como consecuencia de la transmisión de las acciones o participaciones adquiridas, a condición de que la cantidad obtenida por la venta se reinvierta en otra startup que cumpla las condiciones relacionadas anteriormente.

Si analizamos los incentivos desde la perspectiva de la propia startup, hemos de considerar como una ayuda fiscal interesante el hecho de que durante los dos primeros ejercicios en los que la compañía tenga resultado positivo, podrá aplicar un tipo del Impuesto sobre Sociedades reducido del 15% frente al 25% general. No obstante, este incentivo se ve muchas veces “desfigurado” por la aplicación impulsiva de las bases imponibles negativas de ejercicios precedentes. Este aspecto requiere de una correcta planificación fiscal.

En otro orden de cosas, y teniendo en cuenta el carácter tecnológico que revisten muchas de las startups, hay que hacer una mención a la deducción por I+D+I que puede llegar a ser un incentivo fiscal muy potente si se cuenta con los profesionales adecuados que “certifiquen” la existencia y cuantía de esa actividad innovadora. Como crítica deberíamos cuestionar su excesiva rigidez debiendo quizá ampliarse el ámbito de aplicación a otras actividades no recogidas en la normativa como la organización de las prácticas comerciales, de los centros de trabajo o a las relaciones exteriores de la empresa. Si comparamos nuestra deducción por I+D+I con las de nuestros vecinos europeos podemos observar que sus sistemas son menos rígidos que los que nos afectan a nosotros.

Por último, y como toque de atención a nuestros gobernantes, creemos que se deberían tomar otras medidas en aras de apoyar y alentar al emprendimiento tales como aumentar el límite del gasto financiero deducible en los primeros años de la startup, eliminar los límites a las entregas de acciones (stock options) para incentivar la participación de los empleados en el proyecto, relajar el conocido como “exit tax” para inversores que deseen trasladar su residencia fuera de España o rebajar las cuotas de autónomos en sintonía con el resto de países de la UE. Todas estas medidas podrían ayudar en nuestra opinión a crear un marco fiscal que incentive el emprendimiento y su promoción entre los inversores.